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Francis y Virginia son huérfanos. Ambos vivían en orfanatos del estado de Maryland, en Estados Unidos; él en uno de niños, ella en un...


Francis y Virginia son huérfanos. Ambos vivían en orfanatos del estado de Maryland, en Estados Unidos; él en uno de niños, ella en uno de niñas. Finalizando el año escolar, el hogar donde creció Francis hizo una fiesta e invitaron a todas las niñas de la Casa Albergue donde creció Virginia.

Desde el baile quedaron prendados uno del otro, siguieron viéndose y conociéndose hasta hacerse novios y, años más tarde, se casaron. De esa unión nace esa persona que motivó esta historia: Michael. Muchos hemos tenido la dicha de crecer en familia unida impregnada de valores. Pero los padres de Michael, por su propia historia de vida, inculcaron en él la Fe Cristiana para agarrarse ante tantos problemas que nos presenta la vida, y el agradecimiento a Dios por su guía, su ayuda en todo momento. Le enseñaron desde pequeño que no había mejor manera de retribuir las bendiciones que ayudando a otros que pudieran estar necesitando una mano amiga. Crecieron huérfanos pero gracias a toda la ayuda recibida se convirtieron en hombre y mujer de bien, en pareja y en familia, en padres. Y por eso en casa de Michael todos los días eso se agradecía acercando sonrisas, esperanza, alimentos y ropa a quienes la pasaban mal, a quienes menos tenían.

Michael es hoy un empresario Naviero. Por su profesión y especialización ha viajado mucho por América Latina. Vivió unos años en Costa Rica. Otros años en Panamá, país donde se encuentra la compañía de la cual es director. Sí! Conoce Venezuela. La visitó hace más de 20 años y quedó encantado de “esa belleza suyo”, que fue la frase textual, en su spanglish bastante avanzando, que me envió en el mensaje de voz. No olvida nuestros paisajes, nuestra comida y nuestra gente, “muy alegre y trabajadora”. Recorrió nuestras costas, destinos obligados dada su profesión, y pudo además conocer a fondo Caracas y visitar un día “su pueblo de montaña linda”, La Colonia Tovar.

Durante toda su carrera profesional ha podido realizar una hermosa acción social en Panamá, brindando recursos en metálico y en insumos a una Casa de abuelitos y un Orfanato, distinto quizás a aquel en el que crecieron sus padres por su toque tropical, pero igual colmado de esperanza e ilusión para los niños que cobija y alberga. Pero con Venezuela nunca había tenido nexo cercano. Eran solo “toques de negocio” de pocos días.

El año pasado Michael conoce a una venezolana. Se trata de Adriana. Llega a ella necesitado de una traductora pública y recomendado por la hermana de Adriana que vive en el norte. Se contactaron vía correo electrónico y Whatsapp. Entre tantos mensajes por el trabajo que iban y venían se dejaban colar los comentarios, por parte de Adriana, de la situación que se vivía en nuestro país. Era el mes de Abril de 2017. Todos los días protestas, trancazos y muertes. Todos los días el asesinato de un joven nos sacudía. Comenzó entonces Michael a sufrir no solo por Adriana y su familia, sino por nuestro país, su gente. La angustia lo llevaba a leer, leer mucho, y ver con detenimiento los reportajes que podía ver en la televisora de Panamá y de los Estados Unidos. Adriana sentía de su parte una preocupación siempre genuina. De un trabajo nacía una amistad y una compañía a la distancia.

En lo personal quedé impresionada de cuánto conoce Michael acerca de la historia política y económica de Venezuela. Cuán claro está del país que tuvimos años atrás, con todo y los errores de políticos de la IV. “Habían cosas que conseguir y mejorar pero lo de ahora ser un desastre”, me dice en otra nota de voz. Adriana terminó el trabajo de traducción solicitado por Michael pero siguieron chateando, el contacto continuó. Y me cuenta él que entristeció demasiado viendo un reportaje acerca de la crisis en Venezuela. La periodista le comentaba a una madre, a quien entrevistaba, lo lindo que era su niño de dos años. Y la madre le respondió: “No mija, él tiene 7 años pero cómo va a crecer con lo poco que tengo para darle de comer”. No pasaron diez minutos cuando le escribió un mensaje a su amiga Adriana. “Quiero ayudar en Venezuela y ahora cuento con una intermediaria. Por favor te quiero transferir un dinero para que acerques ayuda a quien consideres”. No hubo condiciones. No hubo resquemor de ningún lado. Cómo en una amistad sincera, lejana en lo físico pero tan cercana en empatía, tan identificada en valores.

Y Adriana, por comentarios alguna vez expresados por Mike y por consejos de una amiga, decide que quienes más sufren esta cruda crisis son dos grupos vulnerables, en ambos casos por la edad: Los niños y nuestros abuelos. Los niños con un futuro por delante que se ve truncado ante una mala alimentación. Los abuelos por los achaques propios de la edad que requieren tanto tratamiento, por el abandono cruel que muchos padecen, por sociedad y por crisis, y son cuidados por manos bendecidas, monjitas amorosas. Lista y emocionada por comenzar la tarea asignada recordó el Hogar de Ancianos La Providencia, ubicado en San Martín. Desde hace ya muchos años su mamá le pedía compañía y ayuda cuando llevaba a los abuelos, todos hombres, ropa que recogía entre amistades. La señora Aida, madre de Adriana, pasaba además una mensualidad fija a las monjitas para ayudarlas. Me hace llegar Adriana el recuerdo cuando, horas antes de presentar el difícil examen que la certificaba como traductora oficial, en el año de 1993, le hace la promesa a Dios de donar todo su sueldo ayudando al hermano caído, al hermano desprotegido. ¡Wao! ¡Cuánto pude comprar y llevar al asilo, qué bien me sentí! Pero la crisis afecta a todos, difícil que sobre lo suficiente para ayudar hoy en día. Así que el gesto desprendido, noble y humano de Michael hacia un pueblo para él lejano llegó del cielo para Adriana, las monjitas y los abuelos.

Por conversación telefónica con una de las religiosas supo de primera mano las necesidades más prioritarias que tenían. Buscó aquí y allá lo anotado tratando de estirar al máximo los reales. Proeza en la Venezuela actual de la escasez y la hiperinflación desmedida. Me cuenta con tristeza cómo en un local, donde además la conocían, se negaban a venderle más de una bolsa de detergente con todo y que les explicaba el destino del producto. Pero después de muchas horas logró el cometido. Hipertensivos, arroz, pasta, harina, aceite, azúcar, jabón para lavar ropa, cloro, desinfectante, por nombrar parte de lo que contenía el regalo que Mike le brindaba al asilo.

La alegría de las monjitas no era normal. La llamada no solamente se convirtió en realidad; el regalo superaba sus expectativas. Adriana quedó feliz de retornar al lugar de hermosa capilla, casa grande con corredores. Este asilo se construye por otra promesa. Un vecino al ver cumplida una petición de salud a San Antonio, lo construye con todo y enorme capilla dedicada al Santo y a nuestro Señor. Y continuó el agradecimiento porque por fin podrían reparar las tuberías. Parte de la ayuda enviada desde lejos por Michael a este hogar les llegaba en transferencia a su cuenta para poder contratar y pagar la reparación. Fotos y Videos salían por el Whatsapp. Michael se emocionaba viendo la sonrisa de las religiosas y hasta pudo admirar la hermosa capilla. Y este dúo dinámico continuará arrimando ayuda. Ambos quieren ahora llevar alimento a niños.


Comparto esta historia para llenar de esperanza a cada lector. En el mundo hay gente bonita y especial, de bellos sentimientos y aplicados en la mejor fórmula para el agradecimiento: Acercar Ayuda. En el mundo hay personas que se preocupan por Venezuela y su gente, aunque la hayan visitado poco o incluso sin conocer esta tierra por ahora en crisis. Michael es un ejemplo. Musa para el accionar social. Adriana una intermediara consciente de que alrededor hay montones pasándola mucho peor que ella.

Dios bendiga a esta dupla. A estos corazones buenos. A Francis, a Virginia.

Dios bendiga a Venezuela, a sus niños, a sus abuelos.

#RetoSolidaridad #Humanidad #Ayuda #Venezuela

Si mi querencia es el monte Y mi fuerza el cimarrón Cómo no quieres que cante, Cómo no quieres que cante Como canta un corazón ...


Si mi querencia es el monte
Y mi fuerza el cimarrón
Cómo no quieres que cante,
Cómo no quieres que cante

Como canta un corazón

   En una entrevista que le hace el maestro del cuatro Hernán Gamboa a nuestro Simón Díaz, dijo lo siguiente en relación a su tema “Mi Querencia”:
 “Esto es yo proponiendo al hombre que se vino, que regrese, que se vaya a la sabana otra vez, donde el campo lo está esperando, porque cuando él se vino él ganaba 30 bolívares, y aquel hombre petrolero le dijo – Te doy 80 si te vienes conmigo – y se fue con él.  ¿Cómo se incorpora nuevamente sin esos 80?...... Entonces, yo propongo en Mi Querencia ese regreso…”

   Palabras más que acertadas para comenzar esta nota donde queremos presentarte la valiosa labor de una organización que ayuda, desde hace muchos años, a esos campesinos que siguen allí, en el campo, sembrando y produciendo con las uñas, ¡cosechando con el corazón!
   En el año 1976 impulsada por el CESAP nace Acción Campesina, una organización independiente que impulsa el desarrollo sostenible en poblaciones rurales, conjuntamente con campesinos y pequeños productores agrarios. Dicho en criollo, dotar a esta población de herramientas y orientaciones para que puedan satisfacer sus propias necesidades mediante actividades productivas, responsables y aplicando valores fundamentales para la convivencia y vida en comunidad. Su fundador director es Manuel Gómez Naranjo, nacido y criado en Guárico, un Técnico Agrario siempre llano adentro, siempre solidario desde hace 40 años con las comunidades campesinas.

Conversando nos comentaba cómo en los años 50 Venezuela contaba con un ingreso Per Capita mayor al de muchos países del sur de Europa y al de la mayoría de los países de América Latina. En esa época de bonanza agrícola (antes de la mal llevada bonanza petrolera) un pequeño poblado campesino contaba con todos los servicios, con vías perfectamente asfaltadas, incluso dentro de los poblados. La bodega de la esquina podía abastecer de alimentos y demás productos necesarios a toda la comunidad. Hoy, si la situación en las grandes ciudades en Venezuela es grave, en las zonas rurales es crítica, por lo que el mantener la labor de Acción Campesina en cada región rural del país se torna extremadamente necesario. Las bodeguitas cerraron ante la competencia de los PDVAL y MERCAL. Estos últimos desaparecieron, y tampoco llegan las cajas CLAP. No existe la atención médica en comunidad, los apagones son constantes, el agua de cuando en vez llega. Las vacunas de las que se habla son aquellas pagadas por quienes producen algo en la zona a grupos armados que les protegen de bandas delictivas. Las necesarias para el ganado brillan por su ausencia. Se ha perdido el respeto por la vida, y se han perdido valores, principalmente aquel que nos empuja a labrar con preparación, sacrificio y trabajo un ingreso digno que acabe con la dependencia de otros. Que del empeño y el esfuerzo surja el éxito.

Pero los momentos difíciles, rudos y tristones no son más que chispa catalizadora para el accionar campesino de esta organización que de manera solidaria y ciudadana apoya a cada venezolano de nuestras zonas rurales.

   
Historias a compartir tiene por “bojote” Manuel. De hecho está próximo a publicar un libro cuya reseña compartiremos en el momento adecuado. Pero podemos contarte una del Programa Autonomía Económica de la Mujer Campesina. Y es la historia resumida de Iris. Ella vive en Barlovento. Creció en un ambiente impregnado con el denso y fuerte olor del cacao fermentado. 
Llegó a aborrecer el olor, y la fruta. Sentía deseos inmensos de alejarse de su casa, de su región. Un día llegaron voluntarios de Acción Campesina para dictar unos cursos de chocolatería. Iris se inscribió. Después de todo lo aprendido, el olfato le brinda otra percepción de ese el fruto que ha acompañado cada etapa de su vida. “Entendí que el cacao tiene mucho valor. Ahora cuando llego a la casa siento que el cacao huele a dinero” – expresa Iris al contar su historia. ¿Quién dijo que el dinero es malo? El dinero es sustento, es progreso, es satisfacción. Ese dinero que ahora ayuda a Iris es fruto del trabajo de otro fruto, es orgullo, es dedicación. Iris, junto a otras mujeres del caserío El Arenal en Barlovento, está empeñada en lucirse en el arte de la chocolatería. Practican el concepto de Bean to Bar (del grano a la barra) e innovan y experimentan con otros productos locales; de allí que ahora mezclan el cazabe con el cacao y hacen Naiboa y Jari-Jari. “Si te le acercas a la gente y le haces una propuesta de trabajo transparente, comienzan a surgir relaciones de cooperación y solidaridad con su comunidad que va creciendo progresivamente” – nos resalta Manuel, Líder Fundador de Acción Campesina. Depende del estímulo externo que reciban las personas los valores positivos que florecen. Al sur del estado Cojedes hay mujeres campesinas  que lograron mejorar sus ingresos trabajando el tejido, a través de una micro empresa y de la mano de Acción Campesina. Hoy disfrutan de mejor calidad de vida pero al mismo tiempo sintieron la necesidad de participar en la pastoral de la iglesia para ayudar a otros; son voluntarias en la recolección de medicinas y alimentos para las familias más empobrecidas. 

  Además de este programa Acción Campesina implementa otros que tienen que ver con la conservación ambiental, la Agricultura Familiar (para asegura comida para la casa) entre muchos otros a lo largo de la geografía nacional. Esta organización, solidaria con el campo y su gente, lleva adelante también un Observatorio de Derechos en defensa delas comunidades rurales. Derecho de acceso y tenencia de tierra, a una mejor calidad de vida garantizada con un trabajo digno, seguridad alimentaria, seguridad personal, salud. Dan la cara por el campesino ante las instituciones y organismos de gobierno. Demandan con propuestas en mano, todas emanadas de la propia comunidad.

  Le preguntamos a Manuel con cuáles valores sembraría a Venezuela y esta fue su respuesta. Regaría semillas de Institucionalidad por todas las regiones para que retomemos el camino de las normas y las reglas de juego claras, y el compromiso de cumplirlas y atenderlas. “Una sociedad que no tiene reglas de juego no puede planear el futuro” – nos señala. El segundo valor a sembrar sería Ciudadanía a granel. Porque el ciudadano se hace cargo de sí mismo, construye su futuro de manera responsable con su entorno, y de esta manera puede demandar a quien incumple u obstruye desarrollo, crecimiento, vida. El ciudadano se preocupa por sí mismo, su familia, pero al mismo tiempo extiende la mano para ayudar a  los que se vayan cayendo. 

Diríamos por tanto que de sembrar Institucionalidad y Ciudadanía cosecharíamos como sociedad mucha Solidaridad.

Acción Campesina: Juntos Cambian Vidas para Construir Futuro
Si deseas unirte como voluntario o acercar alguna donación aquí te dejamos las coordenadas
Twitter: @accicampesina   Facebook e Instagram: @accioncampesina
Correo electrónico: accioncampesi@gmail.com


Cerremos la nota con ese llamando a voltear la mirada hacia el campo de nuestro amado tío Simón, y agradeciendo a todo el equipo de esta organización el trabajo hecho y por hacer.

Gracias por tanta cosecha, por tanto futuro.


   Christian Höhn lleva en la sangre el calor de Maracaibo, la disciplina del alemán, el sabor del portugués y, lo más bonito y a resalt...


   Christian Höhn lleva en la sangre el calor de Maracaibo, la disciplina del alemán, el sabor del portugués y, lo más bonito y a resaltar, la solidaridad y el voluntariado a granel.

  Gracias a la tecnología que ha vuelto al mundo cercano y en contacto, pudimos conversar él estando en Portugal, y nosotros en Caracas. Y es que queríamos conocer de las campañas e iniciativas que lleva adelante VENEXOS, Asociación Civil de venezolanos en Lisboa, organización que él preside. La pregunta de rigor en todo conocerse siempre es, ¿Cuéntanos Christian, cuándo te fuiste a Portugal? Así nos enteramos que, forzado a emigrar por razones políticas, hizo maletas rumbo a Europa, con una parada obligada en Alemania, el país desde donde llegaron sus padres huyendo de la segunda guerra mundial. Su papá es uno de muchísimos inmigrantes que tanto aportaron a la tierra que les adopta en tiempos de la Europa en guerra. Fundador de la reconocida compañía Telenorma, representante de Siemens, se casa con una alemana a quien hoy es imposible mover de la que considera su patria, nos comenta Christian al referirse a su mamá. Pero de Alemania salta el joven hasta Portugal huyéndole al frío, y allí reside desde el año 1999.

  Venexos fue inicialmente una idea de Christian junto al cirujano maxilofacial Alejandro Vivas que permanecía engavetada por algunos años. El jóven, acostumbrado al voluntariado desde que tenía 15 años, decide darle forma jurídica y funda la Asociación, única en Portugal legalizada y con título de ONG en el país lusitano. Nos comenta, recordando sus años de voluntariado en diversos países siendo un muchacho, que nunca imaginó que algún día estaría trabajando por enviar ayuda, comida y medicamentos a su país Venezuela. Hace poco más de dos años, alarmado por la escasez en Venezuela, reportada a través de medios y redes, y la situación de tantos venezolanos de escasos recursos, decide junto con otros amigos organizarse y comenzar a solicitar donaciones, en un principio mediante invitaciones que iban boca a boca entre conocidos. Posteriormente, buscando que estos medicamentos llegasen mediante canales serios a personas realmente necesitadas, contactan a otra venezolana residenciada en Miami, Marisol Dieguez, quien forma parte del Programa Ayuda Humanitaria por Venezuela.


   De ese pequeño comenzar hasta hoy, Venexos cuenta ya con 8 núcleos de recolección/recepción de medicamentos, insumos y alimentos en Portugal, cubriendo así sus principales ciudades. Iglesias, bares y restaurantes, negocios familiares, todos contribuyen, todos reciben. En el año inaugural lograron enviar 800 kilos de medicamentos. Al siguiente año, 2017, ya fueron 1700 kilos de ayuda la brindada. En lo que va de 2018 Venexos ha logrado enviar 1500 kilos de comida y medicinas, envíos que han sido recibidos por organizaciones como Caritas, La Pastillita, Hospital San Juan de Dios, Manos para Vargas, Margarita sonríe entre otros.



   “Recibimos unos 15 a 20 correos electrónicos por día de venezolanos solicitando ayuda”, nos comenta Christian. “Quisiéramos ayudar a tantos. ¡Hace falta tanto!”. Pero si bien la generosidad de portugueses y venezolanos ha sido espectacular, el tema del costo de los envíos impide enviar más y más. Para ello tienen toda una red de voluntariado en las iglesias y realizan eventos para recolectar fondos. Los diferentes núcleos de recepción o recolección de medicamentos y alimentos en todo Portugal cuentan con un grupo de voluntariado que se encarga de hacerlo llegar a la Sede Matriz en Lisboa. Allí, otro grupo de voluntariados se encarga del inventariado final, empaquetado y el envío a la Empresa Logística en España, esto siempre y cuando cuenten con el dinero para el envío. Recientemente celebraron y mucho. Un donativo sumamente generoso de un amigo portugués residenciado en Madeira les garantiza contar con el dinero para los envíos de los próximos 2 meses.

   Venexos procura además brindar apoyo a ese venezolano que en el último año llegan a Portugal con lo poco que logran reunir para emigrar. “Semana tras semanas recibimos nuevas caras”, nos relata Höhn. "Aquí resulta relativamente sencillo legalizar su estatus pero hay que trabajar, y muchos se ganan la vida de manera muy digna en oficios que distan bastante de su formación profesional; pero es un comenzar, un nuevo arranque y a ellos brindamos ayuda y asesoría”.  Les brindan asistencia en el proceso de adaptación, aconsejan en todo lo concerniente a la legalización de su estatus migratorio, búsqueda de empleo, etc. Y gracias a 3 jóvenes integrantes de la Asociación se logró redactar un Manual de integración de Venezolanos en Portugal que incluso ha sido replicado por otras asociaciones en diversas latitudes del mundo.

   Desde Venezuela llegue a todo el equipo de voluntariado de Venexos, a todos los portugueses y venezolanos residenciados en Portugal nuestro agradecimiento por tanta solidaridad.

   Da Venezuela, obrigado por tanta solidariedade

  Queremos decirlo en alemán también. Para que la madre de Christian, quien aún reside en esta tierra tan golpeada pero siempre esperanzada, la lea con orgullo. Para rendirle homenaje al padre de Christian que tanto aportó a Venezuela, y le permitió criar a este hijo colmado de valores bonitos, de humanidad espectacular.
     
    Aus Venezuela, danke für so viel Solidarität

Y por último pues que suene el maracucho, Christian, porque de Maracaibo salieron dos palomitas volando, pero también saliste tu con maletas repletas de tu país amado.

     Mirá Primo, gracias por tanta Solidaridad 
                     ¡Qué molleja!!

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Érase una vez una hermosa damisela obligada a salir de su terruño bonito y siempre extrañado, de un paraíso llamado Venezuela. Los mismo...


Érase una vez una hermosa damisela obligada a salir de su terruño bonito y siempre extrañado, de un paraíso llamado Venezuela. Los mismos monstruos de mil cabezas que han espantado a millones como ella empujan sus alas hasta Galicia para asegurarle a sus hijas una vida segura. Un comenzar de cero, y un mismo pensamiento al abrir los ojos en el reinado nuevo: ¿Qué estará pasando, qué estarán sintiendo, qué le hará falta a mi amada Venezuela?

No eran pajaritos o dragones buenos, como en los cuentos infantiles de otrora, quienes le acercaban noticias de su país amado. Vivía ella pegada a la programación de radios de Venezuela que transmitían por internet. Y fue sintonizando “Así nos Va” que escuchó la llamada al aire de una muchacha solicitando de manera desesperada un medicamento para su papá. Enfermo de cáncer se le dificultaba dormir, y la falta de un descanso profundo, por días, afectaba aún más su calidad de vida. Anotó ella entonces el nombre del remedio, y el teléfono que la muchacha daba al conductor del programa, y se fue a una farmacia de amigos a comprar 3 cajitas. Con tesoro en mano, le escribió un mensaje de texto a la angustiada hija diciéndole que le enviaría los medicamentos desde España, y que tan solo le escribiera al recibirlos. Note querido lector que no hay varitas mágicas en el relato. Pero esta damisela desde aquella su primera ayuda, se ha transformado en HADA madrina de un montón de venezolanos. La sensación que llega cuando el alma está repleta de alegría, esa que sintió la primera vez, la llevaban a sentarse por horas escuchando el mismo programa, donde las personas suelen pedir ayuda por sus tratamientos. Y así la lista fue creciendo. Y su búsqueda ampliándose. Y salía con su libretita de farmacia en farmacia


Manuela, para que todos conozcan el nombre de esta alma bella, se dio cuenta que solita no podría, que era gigantesca la necesidad. Así que comenzó a regar la voz, a rasguñar aquí y allá, lograr los 8 euros para el envío de un kilo, los medicamentos que mandaría puerta a puerta, a hermanos venezolanos enfermos, sin costo alguno. En España existe la modalidad de devolución de medicamentos a las farmacias, ya sea por mejoría, cambios en el tratamiento o porque lamentablemente la persona haya fallecido. Y las farmacias deben destruir todas esas muestras devueltas. Fue así, armando redes, como quien teje una telaraña, que en apenas meses su piso se había convertido en una farmacia. Los adornos se arrimaron. Las noches las pasaba clasificando, empaquetando fuera de cajas y en bolsitas con el respectivo mensajito que duplicaba la esperanza: una por el remedio que por fin llegaba, otra por las palabras de una extraña que le decía, ¡Hey! ¡Tú eres importante para muchos que, como yo, están dispuestos a acercarte ayuda! Y sus compinches de la escuela en Venezuela, ellas que seguían en la tierra tricolor, se convirtieron en HADAS repartidoras llevando a las casas humildes, en barriadas o caseríos, los tratamientos que desde España manda el Hada Madrina Mayor.  Hoy ya son 12 las Hadas regadas por el territorio, ya la magia solidaria ha podido apuntar hacia manos de personas necesitadas en Maracaibo, Barquisimeto, Margarita, Bolívar, Caracas....

Y como a la gente buena le pasan cosas buenas, pues tuvo la suerte Manuela de contar con José Roberto Díaz, de corazón grandote como el de ella, y galán de película moderna, Papita, Maní y Tostón, y presentaron durante el estreno de la segunda parte, ante una muy concurrida sala, la bella misión de esta Hada residenciada en Vigo. Y llovieron más donaciones. Y hasta entrevistas le hicieron en los principales periódicos. “Venezuela vive una espantosa crisis, los venezolanos no consiguen cura para sus dolencias, pero aquí, en Galicia, hay una mujer que se ha dedicado en cuerpo y alma a acercarles ayuda, esa que todos nosotros podamos a su vez donarle”

Hada cuenta ya con figura jurídica como fundación. Siguen acercando tratamientos solo puerta a puerta, De las Hadas a las manos de quien lo necesita. Con rigurosidad siguen cada envío asegurándose que lleguen a las manos ansiosas de esperanza. Y a quienes donan responden con cuentas transparentes sin importar el tamaño de la generosidad.

  Insistimos en que no hay varita mágica. La magia es enteramente la Solidaridad. Pero si nos cuenta Manuela que los milagros surgen cada día por doquier y cuando menos lo espera. Como el caso de una venezolana residenciada allá que acude desesperada a Manuela porque a su mamá la operan y debe llevar todo, el hilo para coserla, las suturas, las bases de cama, etc.  
“Mi niña, y yo ¿cómo hago?  A mí rara vez me llegan insumos” – recuerda que le dijo cuando recibió la llamada. Pero por cosas de la vida uno de sus contactos de farmacias le deja en casa tarde, ese mismo día, una bolsa gigante de compresas, gasas, hilos y mucho más de lo que pedían.

Si nos lees desde cualquier parte del mundo y deseas hacer una donación, escríbeles por su página en Facebook o su cuenta en Instagram.
Instagram: @hermandadasociaciondeayuda
   
Que esta historia la lean niñas y niños, dentro y fuera de Venezuela. Hay Hadas Madrinas como salidas de cuentos, que con solidaridad y magia llenan de esperanza a muchas personas. Manuela Alvarez definitivamente es una de ellas.

#RetoSolidaridad #AyudaHumanitaria


      Maigualida se montó hace hace cuatro días en el Ferry, allá en Punta de Piedra. Y es que la ñera decidió con dolor despedirse, ...

   

  Maigualida se montó hace hace cuatro días en el Ferry, allá en Punta de Piedra. Y es que la ñera decidió con dolor despedirse, primero de su Virgen del Valle amada y contar con su bendición, después de su isla querida, familia y amigos. Maigualida tiene 24 años y, por las razones que quien me lee ya conoce, decidió emigrar a Perú. Y hacia su nuevo destino partió por tierra.

   El trayecto es largo; quizás se hace eterno si sumamos el cúmulo de pensamientos y la incertidumbre que causa el hacia dónde voy, cómo me irá, lo que dejé. Pero para ir al grano de este artículo nos saltaremos el montón de escalas (Caracas-Táchira-Cúcuta-Ipiare), las selladas de pasaporte, los cambios de moneda, y los días de carretera. Queremos llegar al terminal de Carcelen,   en la ciudad de Quito. ¡Allí comenzó la fiesta!
   
  Debía Maigualida en este terminal cambiar de bus para seguir su destino. Y con ella viajaban decenas de familias, con niños pequeños, abuelos. Lo mismo en el autobús que llegó apenas minutos después del de ella; más venezolanos, algunos con Ecuador como destino, otros Perú o Chile. Pero al mismo tiempo que se despedían con besos, aún dentro de la unidad, alguien del grupo viajero se percató de una bandera de Venezuela que acompañaba a un grupo de unas 6 mujeres que recibían, a medida que iban bajando, a cada venezolano con ese abrazo que solo nosotros sabemos cómo se da y lo que significa. Y con cada abrazo y cada beso, una invitación a saborear comida caliente, divina, y muy solidaria. Una sopa como llamamos aquí, “Levanta Muerto”, para darle vida a quienes seguían camino y a quienes llegaban al abrigo nuevo, al país hermano que les brindaba cobijo. Chupetas para los niños. Pasta con carne al abuelo. Abrazos, seguían los abrazos. Era esa solidaridad tan venezolana recibiendo a sus hermanos.
   

  La iniciativa del recibimiento surge de otras iniciativas igualmente solidarias. Nos cuenta Sara, con quien pudimos conversar, que meses atrás ella, junto a varias amigas venezolanas residenciadas en Ecuador, decidieron organizarse para acercar ayuda al recién llegado del país compartido por nacimiento, el del amarillo, azul y rojo pero con las estrellas. Realizaron colectas de ropa usada pero en buen estado, un ropero como le conocemos. “En una ocasión conocí a un hermano que me pedía ropita porque se había venido casi que con lo que cargaba puesto,  cuando llegaba a su casa en la noche lavaba la ropa, y al día siguiente le tocaba ponérsela húmeda para salir a buscar trabajo porque el tiempo no alcanzaba para esperar a que se secara” nos relata. La herramienta digital que nos permitió conversar, el “Whatsapp”, les ha servido también para crear grupos diversos de venezolanos en el Valle, en Quito, en Ecuador, y así ir sumando esfuerzos. El contacto con organizaciones formales de la nación ecuatoriana les ha permitido ofrecer asistencia médica al enfermo. “Les da miedo ir al Seguro Social, aunque si acudieran les atienden, pero muchos llegan sin papeles totalmente en regla en su búsqueda por el sueño” – nos apunta Sara Febres, la gocha caraqueña que gentilmente nos cedió minutos de testimonios hermosos que nos han servido para armar esta crónica.
 
  
Un buen día se enteran por Facebook de un grupo de venezolanos que llegaban al terminal con hambre  y decidieron juntarse de nuevo, pero ahora parar preparar comida, envasarla, y lanzarse hasta el terminal de Carcelen, al norte de Quito, para recibirlos con la bandera y 3 ollas hallaqueras gigantes repletas de hervido cruzado, nuestra marca país, la arepa, replicada en muchas docenas, envases con pasta a la boloñesa, chupetas y otras golosinas para los más pequeños. Bastaron 100 dólares que recogieron en donaciones para hacer maravillas y montar la fiesta solidaria.
  
   Y así fue que conocieron a Maigualida, pero también a Roberto y a Lucía, recién casados que no llegaban de luna de miel, sino a tierra nueva donde echar “palante” un hogar, a Joseíto, un niño de apenas 5 años que al verlas se les lanzó en abrazo y no paraba de dar las gracias y preguntarles si de verdad eran venezolanas mientras saboreaba su chupeta. Conocieron a sus familiares por medio de notas de voz que iban y venían desde sus “Whatsapp”.
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.  - “Mamá, llegué, y te estoy mandando esto desde el whatsapp de una venezolana. Mamá, nos hicieron un recibimiento, nos esperaban con comida” – le contaba una de las recién llegadas a su madre desde el teléfono celular de Morela, otra de las que impulsaron la iniciativa.
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  - “Mija, pero ¡Qué alegría! No sabes la tranquilidad que siento al escucharte contenta y rodeada de abrazo criollo. Me tenías nerviosa. Muy largo ese camino, mi vida” – era la trascripción del sonido que recibían a la vuelta de una madre agradecida.
  
  Les asombró que en hora y media no quedaba comida. 100 platos de sopas, 50 de pasta. Alimento para el alma de un montón de venezolanos, pero también para otros viajeros de otras nacionalidades que se acercaron al recibimiento solidario y juntaron abrazos en la fiesta. Hasta los envases plásticos se acababan, y ellos mismos los enjuagaban.
   

  En la noche, cansadas, se mandaban fotos y compartían entre los conocidos los relatos de la experiencia. “Creíamos que con la iniciativa daríamos abrazos de abrigo y comida para el alma, y resulta que terminamos nosotras arropadas de cariño, de agradecimiento, de humanidad” – nos comenta Sara.
   
  La solidaridad la sentimos aquí de aquellos que tienen alguito más hacia quienes no tienen nada. La solidaridad de tantos hermanos en todo el mundo es semilla de lucha para que día a día llegue más ayuda a esta tierra en crisis profunda y preocupante. Pero la solidaridad también se dirige ahora hacia quienes emigran de manera forzada, sin nada planificado, una ola de emigración diferente porque se marchan sin nada más que el deseo de seguridad para sus hijos, la pareja, los abuelos, y muchas ganas de trabajar y sentirse valorados, en tierra ajena, en tierra lejana.
  
  A estas mujeres de corazón inmenso, nuestro agradecimiento solidario y emocionado, y la promesa cumplida de transmitir por nuestras redes su iniciativa para verla replicada en muchas fronteras más. Terminales que marcan un comienzo. Qué mejor forma que iniciarlo con Solidaridad Venezolana. Así somos nosotros. Aquí, allá, acullá. Arriba Venezuela. Tienes corazones bonitos regados hoy por todo el mundo. Eso nos llena de esperanza, de empuje, de un seguir soñando la patria bonita y unida que todos merecemos.
     
  Ellas están por crear sus redes sociales, porque un domingo bastó para desear llenar de domingos solidarios cada mes que reste del año en el terminal allá en Quito. El próximo, en apenas días, repitirán la jornada pero ahora en los dos principales terminales: el de Carcelen y el de Quitumbe (al sur de la ciudad). Pero si desean colaborar con donativos en metálico, en productos para las comidas, en envases; si deseas unirte en voluntariado y llenarte de abrazos ricos y reconfortantes, aquí dejamos sus coordenadas personales.

  Sara Febres – Gocha Caraqueña  +584242071172 (mantiene el “whatsapp” con su número caraqueño)
  Morela Melean – Maracucha +593995778331
  Jeanette González – Guara +593987753628
 María del Rosario Carrillo –Trujillana +593998863156
  Y junto a ellas Keyla Bolívar y Ana Karina Graterol.


El ecuatoriano no se enamora. Se “encamota” o se “engrupe” de su pareja. Estamos entonces “encamotados” de estos corazones bellos que por ahora echan raíces por Ecuador pero dejan huella y alma por donde pasan, a quienes llegan.

Ciudad Real se encuentra en el centro de España, al sur de Madrid. Allí, en la Universidad Castilla-La Mancha estudiaba Alberto Cabane...


Ciudad Real se encuentra en el centro de España, al sur de Madrid. Allí, en la Universidad Castilla-La Mancha estudiaba Alberto Cabanes teniendo la suerte de tener cerca al abuelo. Sí! Su abuelito vivía en una residencia y podía visitarlo con frecuencia.
En una de esas visitas conoce a Bernardo, un amigo de su abuelo que era viudo y no tenía descendencia; no existían hijos ni  nietos que le acompañaran y contaran historias, compartieran alegrías, y él de vuelta narrarles recuerdos. Total que Alberto y Bernardo se la llevaron de maravilla desde un principio y, según cuenta el joven, un rey mago que visitó el centro en unas navidades le preguntó a Bernardo que qué quería como regalo y este no lo dudó: "Un nieto", respondió el abuelo desamparado. Al escuchar esto Alberto le dijo que él lo adoptaba, que de ahora en adelante tendría dos abuelos viviendo en la misma residencia, y que en cada una de sus visitas harían juntos los tres los mismos planes: conversas, escuchar música, ver películas, juegos...
Con pasar del tiempo se sentía tan bien que no hacía más que hablar con sus amigos de sus dos abuelos, el verdadero y el adoptado. Tanto así que su amiga Verónica quiso acompañarle un día a la residencia y terminó ella adoptando a una abuela, Rosario, de 96 años.
Tras un año de hermosas vivencias deciden entonces fundar, formalmente, una iniciativa solidaria que muy bien podríamos replicar en nuestra Venezuela: Adopta un Abuelo.
Inmediatamente comenzaron a reclutar jóvenes voluntarios y la respuesta fue tan masiva que al poco tiempo ya estaba un grupo de 16 jóvenes trasladándose hasta Madrid para incorporarse como nietos postizos en una casa hogar de ancianos de la Capital, y otra residencia ubicada también como la pionera, en Ciudad Real.
Mes tras mes el programa fue creciendo y dándose a conocer, resultando vencedor en el V certamen de proyectos que cambian la sociedad de la prestigiosa firma KMPG. Adopta un Abuelo tenía ahora no solamente el empeño solidario y amoroso de jóvenes que poco a poco se incorporaban al programa, sino además con el premio contaban con apoyo financiero. En apenas un año contaban con 60 voluntarios con abuelos adoptados en 4 residencias de Ciudad Real y Madrid.
Y vaya que se la tomaron en serio! Hoy el programa cuenta con 500 jóvenes de 20 ciudades diferentes. A veces una pareja de amigas o hermanas adoptan a la misma abuelita.

Seguramente fundar Adopta Un Abuelo no haya sido fruto de una coincidencia. Desde muy pequeño, por circunstancias de la vida, he tenido la gran suerte de vivir con mis abuelos. Aquella oportunidad me hizo aprender y comprender el gran valor que reside en la figura de los abuelos. No ha habido ninguna vez que me hayan fallado, y tampoco les ha faltado una sonrisa ni un gesto de cariño. Siempre estaban ahí cuando les necesitaba, y siempre me mostraron una generosidad sin límites, ofreciéndome lo mejor que tenían a su alcance. Sin duda, lo más destacable de mis abuelos fueron los valores que marcaron su vida y que siempre me transmitieron con el ejemplo. Humildad, sencillez y generosidad son sólo algunos de esos valores con los que muchos os sentiréis identificados al leer la palabra abuelo, porque pensaréis en los vuestros.
La experiencia de poder criarme con ellos ha sido el detonante para que cada vez que vea a un mayor sienta un respeto y una admiración tan grande como el que siento por mis propios abuelos. Es por ello que al conocer a Bernardo, una persona noble, humilde y sencilla, le adoptara como abuelo y me inspirara para fundar AuA para que muchos más jóvenes pudieran disfrutar de la compañía y sabiduría de nuestros mayores. El objetivo de crear Adopta Un Abuelo no es sólo el de paliar las horas de soledad de nuestros mayores, sino también el de resaltar la figura de todos los abuelos y abuelas del mundo. Hay que recordar que gracias a ellos, hoy vivimos en un país desarrollado en el que podemos servirnos un vaso de agua directamente del grifo, encender una luz o viajar cómodamente en tren.
A todo aquél que lea estas líneas, le animo a ser voluntario para formar parte de esta aventura, que no sólo trata de acompañar a nuestros mayores, sino de recuperar el valor y la dignidad que estos maestros de vida merecen".
Palabras ciertas las de Alberto que aplican, como señala el joven, para abuelos de todas partes del mundo. Y aterrizando en Venezuela, ¿Cuántos abuelitos que bastante han trabajado, criado y formado, se sienten en amarga y dura soledad actualmente en el país? Familiares que han emigrado, por salud, por seguridad, y ellos no queriéndose mover de su patria, de su suelo, por costumbre y tesoro, por no querer ser una carga en comienzo nuevo y duro de hijos o nietos. Sí! Sabemos que les hace falta medicamentos, pañales, alimentos. Es muy dura la situación que se vive en los hogares de ancianos a lo largo del territorio nacional. Imagina entonces pasar el mal rato solitos, desamparados.
Muchos colegios privados llevan a cabo programas de acción social con su alumnado. Quien escribe ha acompañado a alumnos (y allí incluidos van mis hijos) en visitas a casas de abuelitos. Una tarde linda. Los abuelos pero principalmente los chamos terminan contentos, satisfechos, con el corazón rebozado por bondad, comprensión, solidaridad. Pero, ¿Y la siguiente semana? ¿Alguien les visita, les canta, juega cartas con ellos?

Dejamos aquí entonces plasmada esta semillita solidaria sembrada y ya muy bien regada en España, a ver si los jóvenes que nos leen deciden cosechar voluntades y planificar su propia iniciativa, con nuestras propias realidades, haciendo quizás contacto con tantas organizaciones, como Convite por ejemplo, e iniciativas solidarias de grupos avocados a conseguir medicamentos, pañales y proveer comida caliente y sabrosa a los abuelitos.
Si desean pueden escribirle a Alberto. No lo conocemos, pero seguramente se sentirá súper feliz de ver su iniciativa replicada en otro continente, en tierra de infinidad de abuelos españoles, finalmente tierra de abuelos sabios, nobles, que entregaron el todo y tienen mucho aún por enseñar y dar.
Aquí las coordenadas del Programa Adopta Un Abuelo en España.
Twitter: @adoptaunabuelo 
Instagram: @adopta1abuelo 
Mail: info@adoptaunabuelo.org

    En Maracay, ciudad del Estado Aragua en Venezuela, bordeada por un vertedero de basura y terrenos anegados por el Lago de Valencia, s...


    En Maracay, ciudad del Estado Aragua en Venezuela, bordeada por un vertedero de basura y terrenos anegados por el Lago de Valencia, se encuentra la escuela de educación primaria “Padre Juan José Zugarramundi”, de Fe y Alegría. Esa es la escuela a la que asisten los niños del sector El Viñedo, del Barrio San Vicente; una de tantas localidades venezolanas donde la falta de asfalto es lo menos significativo en un estado de alarmante abandono.  A pesar de los problemas de transporte público, la inseguridad, alumbrado. A pesar de la crisis económica y social que hoy golpea cada familia venezolana, mucho más los bolsillos de quienes residen en estas barriadas, las maestras, obreros y empleados del plantel reciben a diario a 350 niños que son llevados por sus padres, quienes depositan en el plantel las esperanzas de un mejor futuro para sus pequeños. Si bien hay 400 niños inscritos en el año escolar, hasta hace algunos meses asistían apenas 250 niños, asistencia que ha aumentado gracias a una iniciativa solidaria que ha permitido que corazones bondadosos, dentro y fuera del país, inviten a comer a esos pequeños durante la jornada escolar.

 
Jeanfreddy Gutiérrez Torres es periodista, y su amigo, Jesús Chuchín Loreto, un destacado deportista venezolano residenciado en los Estados Unidos. Se juntaron, reclutaron un empecinado y dinámico equipo, y comenzaron por un lado a recaudar fondos, por otro a diseñar toda una logística para acercar comida a quienes más lo necesitan. Comenzaron analizando el A Quién Ayudar, para lo cual - según palabras del propio Jeanfreddy - resultaron inspiradoras las recomendaciones escuchadas de la especialista en nutrición, Susana Raffalli, en una charla a la que asistieron. Llevar comida a la mesa, no repartida por las calles. Los niños son ese segmento de la población que más asistencia requiere. Fue así como decidieron que llevarían comida a niños, y en una escuela. Seleccionar la institución no fue difícil. Una amiga de Jeanfreddy trabaja comomaestra en Fe y Alegría, y ya le habría comentado el delicado estado de salud
que presentaban los niños debido a la malnutrición, y el ausentismo escolar que estaban evidenciando.
   Ahora necesitaban de un mensaje a compartir y un trabajo en las redes y entre sus conocidos para garantizar insumos, donativos, para lograr no solamente esa primera jornada que recién comenzaban a planificar sino muchas; ¡Ojalá y se pudiera todos los días! Y es cuando nace la frase y leitmotiv de la iniciativa: Invítalo a Comer. Porque quien nos lea, abrirá su corazón, y donará así sea un dólar a la iniciativa para invitar a comer a dos o tres pequeños. Luego de creado el “crowdfunding”, esperando esas primeras donaciones, definieron la logística. “Somos pocos, y todos trabajamos”, nos explica Jeanfreddy, “así que buscamos que las jornadas de ayuda no resultasen complicadas porque de lo contrario morirían al poco tiempo, por más deseos de ayudar que tengamos. Fue cuando decidimos comprar la comida, justo unos minutos antes de llevarla a la escuela, y comer con los niños”. Querían además que esa invitación a comer resultase una nueva experiencia. ¿Sabe quien nos lee que cuando les llevaron pizzas bien nutritivas a los muchachitos, muchos de ellos en jamás habían probado una? En diciembre pasado, a pesar del precio astronómico del pan de jamón, los niños de la escuela de San Vicente saborearon un buen trozo, con bollito y ensalada de gallina. Muchos de ellos comentaron que era la primera vez, en muchos meses, que tenían por delante un plato con varias “cosas sabrosas”. “El plato que me ponen en casa lleva o frijoles o arroz, pero nunca las dos cosas juntas” – señalaba Normita mientras le metía diente al bollito. 
   Es común que el deseo de ayudar se agrande más y más cuando escuchas, vives en carne propia estos relatos que hoy compartimos. Por eso, Jeanfreddy, su esposa Aruska, la suegra, Chuchín en el norte, la payasita Stephany, Diomar, Enrique, Luis, Rachellita y Alejandro buscaron estirar hasta más no poder esos fondos recaudados. Querían que los niños encontraran también algo que consintiera sus barriguitas en el desayuno. En la última jornada, la del 6 de febrero, pudieron llevar 7Kg de Lactovisoy.

 La directora, las maestras, el personal administrativo y los obreros, evidenciando el cambio en los niños al sentirse atendidos, se metieron de lleno en el equipo y cambiaron la desesperanza por la ilusión, por deseos de mejoras. Entre todos han reparado pupitres, acometidas eléctricas, la bomba de agua, y hasta reconstruyeron la biblioteca. Entonces surge otra invitación: ¡Invítalo a Jugar y Leer ! Nuevamente tuvo gran acogida y se recibieron donaciones espectaculares de libros de lectura, rompecabezas y juegos didácticos, tizas y colores. Biblioteca y Ludoteca tienen ahora en esta consentida escuelita de Fe y Alegría, para que los niños de preescolar y los de sexto grado ya saliendo a su bachillerato, tengan nuevas motivaciones, mientras los maestros cuentan con mejores herramientas para su docencia. 

    De la mano también de esta comunidad educativa ya comenzaron el programa del huerto escolar, invitando a los niños a sembrar. Que se enteren las casas aledañas, los vecinos, los padres, para que cada quien plante una matita, siembre una semilla, y así recortar en algo los gastos por la comida. Y para involucrar más a la comunidad, para que madres y padres, abuelitos, tíos, los hermanos mayores, sientan como suya también la escuela de sus niños; para lograr que la institución educativa se vuelva centro de esperanza, de empuje, de mejoras para todos, el próximo domingo, 11 de febrero, estos jóvenes voluntariosos y solidarios visitarán la comunidad con una docena de médicos especialistas para examinar a niños, abuelitos y adultos de la comunidad. La escuela pondrá instalaciones e Invítalo a comer los alimentos. Ya la comunidad está al tanto y los están esperando.
Una invitación sigue a la otra, y a la otra, y a la otra…. Y solo pueden ser posibles, y cada vez más frecuente, con la ayuda generosa de quienes nos leen dentro y fuera del país. Entre los planes, ya bastante adelantado, está el programa "Invítalo a pasear". Se trata de tours guiados para los alumnos de sexto grado; bonita despedida tras culminar su etapa de primaria, estímulo para que los más pequeños asistan, continúen su educación, se sigan formando. 

¿Quieres colaborar? 
Cuentan con una cuenta Paypal --> 
Paypal.me/invitaloacomer utilizando la siguiente cuenta jloreto99@hotmail.com
Un crowdfunding en Facebook --> 
Twitter: @jeanfreddy 

   Aunque reciben donaciones en bolívares, invitan a los posibles donantes a contactar con amigos y familiares fuera. Cada dólar lo convierten en tres almuerzos.
    La invitación está hecha. Ponte tu mejor “gala solidaria”. Haz de tu corazón una fiesta humanitaria y aporta lo que puedas. 
A ellos, a Jeanfreddy y todo su equipo, Mil Venezolanísimas Gracias desde Reto Solidaridad.
   
#InvitaloAComer #RetoSolidaridad #Venezuela