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Francis y Virginia son huérfanos. Ambos vivían en orfanatos del estado de Maryland, en Estados Unidos; él en uno de niños, ella en un...


Francis y Virginia son huérfanos. Ambos vivían en orfanatos del estado de Maryland, en Estados Unidos; él en uno de niños, ella en uno de niñas. Finalizando el año escolar, el hogar donde creció Francis hizo una fiesta e invitaron a todas las niñas de la Casa Albergue donde creció Virginia.

Desde el baile quedaron prendados uno del otro, siguieron viéndose y conociéndose hasta hacerse novios y, años más tarde, se casaron. De esa unión nace esa persona que motivó esta historia: Michael. Muchos hemos tenido la dicha de crecer en familia unida impregnada de valores. Pero los padres de Michael, por su propia historia de vida, inculcaron en él la Fe Cristiana para agarrarse ante tantos problemas que nos presenta la vida, y el agradecimiento a Dios por su guía, su ayuda en todo momento. Le enseñaron desde pequeño que no había mejor manera de retribuir las bendiciones que ayudando a otros que pudieran estar necesitando una mano amiga. Crecieron huérfanos pero gracias a toda la ayuda recibida se convirtieron en hombre y mujer de bien, en pareja y en familia, en padres. Y por eso en casa de Michael todos los días eso se agradecía acercando sonrisas, esperanza, alimentos y ropa a quienes la pasaban mal, a quienes menos tenían.

Michael es hoy un empresario Naviero. Por su profesión y especialización ha viajado mucho por América Latina. Vivió unos años en Costa Rica. Otros años en Panamá, país donde se encuentra la compañía de la cual es director. Sí! Conoce Venezuela. La visitó hace más de 20 años y quedó encantado de “esa belleza suyo”, que fue la frase textual, en su spanglish bastante avanzando, que me envió en el mensaje de voz. No olvida nuestros paisajes, nuestra comida y nuestra gente, “muy alegre y trabajadora”. Recorrió nuestras costas, destinos obligados dada su profesión, y pudo además conocer a fondo Caracas y visitar un día “su pueblo de montaña linda”, La Colonia Tovar.

Durante toda su carrera profesional ha podido realizar una hermosa acción social en Panamá, brindando recursos en metálico y en insumos a una Casa de abuelitos y un Orfanato, distinto quizás a aquel en el que crecieron sus padres por su toque tropical, pero igual colmado de esperanza e ilusión para los niños que cobija y alberga. Pero con Venezuela nunca había tenido nexo cercano. Eran solo “toques de negocio” de pocos días.

El año pasado Michael conoce a una venezolana. Se trata de Adriana. Llega a ella necesitado de una traductora pública y recomendado por la hermana de Adriana que vive en el norte. Se contactaron vía correo electrónico y Whatsapp. Entre tantos mensajes por el trabajo que iban y venían se dejaban colar los comentarios, por parte de Adriana, de la situación que se vivía en nuestro país. Era el mes de Abril de 2017. Todos los días protestas, trancazos y muertes. Todos los días el asesinato de un joven nos sacudía. Comenzó entonces Michael a sufrir no solo por Adriana y su familia, sino por nuestro país, su gente. La angustia lo llevaba a leer, leer mucho, y ver con detenimiento los reportajes que podía ver en la televisora de Panamá y de los Estados Unidos. Adriana sentía de su parte una preocupación siempre genuina. De un trabajo nacía una amistad y una compañía a la distancia.

En lo personal quedé impresionada de cuánto conoce Michael acerca de la historia política y económica de Venezuela. Cuán claro está del país que tuvimos años atrás, con todo y los errores de políticos de la IV. “Habían cosas que conseguir y mejorar pero lo de ahora ser un desastre”, me dice en otra nota de voz. Adriana terminó el trabajo de traducción solicitado por Michael pero siguieron chateando, el contacto continuó. Y me cuenta él que entristeció demasiado viendo un reportaje acerca de la crisis en Venezuela. La periodista le comentaba a una madre, a quien entrevistaba, lo lindo que era su niño de dos años. Y la madre le respondió: “No mija, él tiene 7 años pero cómo va a crecer con lo poco que tengo para darle de comer”. No pasaron diez minutos cuando le escribió un mensaje a su amiga Adriana. “Quiero ayudar en Venezuela y ahora cuento con una intermediaria. Por favor te quiero transferir un dinero para que acerques ayuda a quien consideres”. No hubo condiciones. No hubo resquemor de ningún lado. Cómo en una amistad sincera, lejana en lo físico pero tan cercana en empatía, tan identificada en valores.

Y Adriana, por comentarios alguna vez expresados por Mike y por consejos de una amiga, decide que quienes más sufren esta cruda crisis son dos grupos vulnerables, en ambos casos por la edad: Los niños y nuestros abuelos. Los niños con un futuro por delante que se ve truncado ante una mala alimentación. Los abuelos por los achaques propios de la edad que requieren tanto tratamiento, por el abandono cruel que muchos padecen, por sociedad y por crisis, y son cuidados por manos bendecidas, monjitas amorosas. Lista y emocionada por comenzar la tarea asignada recordó el Hogar de Ancianos La Providencia, ubicado en San Martín. Desde hace ya muchos años su mamá le pedía compañía y ayuda cuando llevaba a los abuelos, todos hombres, ropa que recogía entre amistades. La señora Aida, madre de Adriana, pasaba además una mensualidad fija a las monjitas para ayudarlas. Me hace llegar Adriana el recuerdo cuando, horas antes de presentar el difícil examen que la certificaba como traductora oficial, en el año de 1993, le hace la promesa a Dios de donar todo su sueldo ayudando al hermano caído, al hermano desprotegido. ¡Wao! ¡Cuánto pude comprar y llevar al asilo, qué bien me sentí! Pero la crisis afecta a todos, difícil que sobre lo suficiente para ayudar hoy en día. Así que el gesto desprendido, noble y humano de Michael hacia un pueblo para él lejano llegó del cielo para Adriana, las monjitas y los abuelos.

Por conversación telefónica con una de las religiosas supo de primera mano las necesidades más prioritarias que tenían. Buscó aquí y allá lo anotado tratando de estirar al máximo los reales. Proeza en la Venezuela actual de la escasez y la hiperinflación desmedida. Me cuenta con tristeza cómo en un local, donde además la conocían, se negaban a venderle más de una bolsa de detergente con todo y que les explicaba el destino del producto. Pero después de muchas horas logró el cometido. Hipertensivos, arroz, pasta, harina, aceite, azúcar, jabón para lavar ropa, cloro, desinfectante, por nombrar parte de lo que contenía el regalo que Mike le brindaba al asilo.

La alegría de las monjitas no era normal. La llamada no solamente se convirtió en realidad; el regalo superaba sus expectativas. Adriana quedó feliz de retornar al lugar de hermosa capilla, casa grande con corredores. Este asilo se construye por otra promesa. Un vecino al ver cumplida una petición de salud a San Antonio, lo construye con todo y enorme capilla dedicada al Santo y a nuestro Señor. Y continuó el agradecimiento porque por fin podrían reparar las tuberías. Parte de la ayuda enviada desde lejos por Michael a este hogar les llegaba en transferencia a su cuenta para poder contratar y pagar la reparación. Fotos y Videos salían por el Whatsapp. Michael se emocionaba viendo la sonrisa de las religiosas y hasta pudo admirar la hermosa capilla. Y este dúo dinámico continuará arrimando ayuda. Ambos quieren ahora llevar alimento a niños.


Comparto esta historia para llenar de esperanza a cada lector. En el mundo hay gente bonita y especial, de bellos sentimientos y aplicados en la mejor fórmula para el agradecimiento: Acercar Ayuda. En el mundo hay personas que se preocupan por Venezuela y su gente, aunque la hayan visitado poco o incluso sin conocer esta tierra por ahora en crisis. Michael es un ejemplo. Musa para el accionar social. Adriana una intermediara consciente de que alrededor hay montones pasándola mucho peor que ella.

Dios bendiga a esta dupla. A estos corazones buenos. A Francis, a Virginia.

Dios bendiga a Venezuela, a sus niños, a sus abuelos.

#RetoSolidaridad #Humanidad #Ayuda #Venezuela

Érase una vez una hermosa damisela obligada a salir de su terruño bonito y siempre extrañado, de un paraíso llamado Venezuela. Los mismo...


Érase una vez una hermosa damisela obligada a salir de su terruño bonito y siempre extrañado, de un paraíso llamado Venezuela. Los mismos monstruos de mil cabezas que han espantado a millones como ella empujan sus alas hasta Galicia para asegurarle a sus hijas una vida segura. Un comenzar de cero, y un mismo pensamiento al abrir los ojos en el reinado nuevo: ¿Qué estará pasando, qué estarán sintiendo, qué le hará falta a mi amada Venezuela?

No eran pajaritos o dragones buenos, como en los cuentos infantiles de otrora, quienes le acercaban noticias de su país amado. Vivía ella pegada a la programación de radios de Venezuela que transmitían por internet. Y fue sintonizando “Así nos Va” que escuchó la llamada al aire de una muchacha solicitando de manera desesperada un medicamento para su papá. Enfermo de cáncer se le dificultaba dormir, y la falta de un descanso profundo, por días, afectaba aún más su calidad de vida. Anotó ella entonces el nombre del remedio, y el teléfono que la muchacha daba al conductor del programa, y se fue a una farmacia de amigos a comprar 3 cajitas. Con tesoro en mano, le escribió un mensaje de texto a la angustiada hija diciéndole que le enviaría los medicamentos desde España, y que tan solo le escribiera al recibirlos. Note querido lector que no hay varitas mágicas en el relato. Pero esta damisela desde aquella su primera ayuda, se ha transformado en HADA madrina de un montón de venezolanos. La sensación que llega cuando el alma está repleta de alegría, esa que sintió la primera vez, la llevaban a sentarse por horas escuchando el mismo programa, donde las personas suelen pedir ayuda por sus tratamientos. Y así la lista fue creciendo. Y su búsqueda ampliándose. Y salía con su libretita de farmacia en farmacia


Manuela, para que todos conozcan el nombre de esta alma bella, se dio cuenta que solita no podría, que era gigantesca la necesidad. Así que comenzó a regar la voz, a rasguñar aquí y allá, lograr los 8 euros para el envío de un kilo, los medicamentos que mandaría puerta a puerta, a hermanos venezolanos enfermos, sin costo alguno. En España existe la modalidad de devolución de medicamentos a las farmacias, ya sea por mejoría, cambios en el tratamiento o porque lamentablemente la persona haya fallecido. Y las farmacias deben destruir todas esas muestras devueltas. Fue así, armando redes, como quien teje una telaraña, que en apenas meses su piso se había convertido en una farmacia. Los adornos se arrimaron. Las noches las pasaba clasificando, empaquetando fuera de cajas y en bolsitas con el respectivo mensajito que duplicaba la esperanza: una por el remedio que por fin llegaba, otra por las palabras de una extraña que le decía, ¡Hey! ¡Tú eres importante para muchos que, como yo, están dispuestos a acercarte ayuda! Y sus compinches de la escuela en Venezuela, ellas que seguían en la tierra tricolor, se convirtieron en HADAS repartidoras llevando a las casas humildes, en barriadas o caseríos, los tratamientos que desde España manda el Hada Madrina Mayor.  Hoy ya son 12 las Hadas regadas por el territorio, ya la magia solidaria ha podido apuntar hacia manos de personas necesitadas en Maracaibo, Barquisimeto, Margarita, Bolívar, Caracas....

Y como a la gente buena le pasan cosas buenas, pues tuvo la suerte Manuela de contar con José Roberto Díaz, de corazón grandote como el de ella, y galán de película moderna, Papita, Maní y Tostón, y presentaron durante el estreno de la segunda parte, ante una muy concurrida sala, la bella misión de esta Hada residenciada en Vigo. Y llovieron más donaciones. Y hasta entrevistas le hicieron en los principales periódicos. “Venezuela vive una espantosa crisis, los venezolanos no consiguen cura para sus dolencias, pero aquí, en Galicia, hay una mujer que se ha dedicado en cuerpo y alma a acercarles ayuda, esa que todos nosotros podamos a su vez donarle”

Hada cuenta ya con figura jurídica como fundación. Siguen acercando tratamientos solo puerta a puerta, De las Hadas a las manos de quien lo necesita. Con rigurosidad siguen cada envío asegurándose que lleguen a las manos ansiosas de esperanza. Y a quienes donan responden con cuentas transparentes sin importar el tamaño de la generosidad.

  Insistimos en que no hay varita mágica. La magia es enteramente la Solidaridad. Pero si nos cuenta Manuela que los milagros surgen cada día por doquier y cuando menos lo espera. Como el caso de una venezolana residenciada allá que acude desesperada a Manuela porque a su mamá la operan y debe llevar todo, el hilo para coserla, las suturas, las bases de cama, etc.  
“Mi niña, y yo ¿cómo hago?  A mí rara vez me llegan insumos” – recuerda que le dijo cuando recibió la llamada. Pero por cosas de la vida uno de sus contactos de farmacias le deja en casa tarde, ese mismo día, una bolsa gigante de compresas, gasas, hilos y mucho más de lo que pedían.

Si nos lees desde cualquier parte del mundo y deseas hacer una donación, escríbeles por su página en Facebook o su cuenta en Instagram.
Instagram: @hermandadasociaciondeayuda
   
Que esta historia la lean niñas y niños, dentro y fuera de Venezuela. Hay Hadas Madrinas como salidas de cuentos, que con solidaridad y magia llenan de esperanza a muchas personas. Manuela Alvarez definitivamente es una de ellas.

#RetoSolidaridad #AyudaHumanitaria


   En España, tal y como sucede en Venezuela, hay muchas formas de pedir el café en la barra o en la cafetería. Pero créeme, allá son has...

   En España, tal y como sucede en Venezuela, hay muchas formas de pedir el café en la barra o en la cafetería. Pero créeme, allá son hasta más creativos; bueno, quizás la crisis actual nos haya limitado por estos lados al negrito y al “guayoyo”, y si hay leche, pues un marrón. Pero cuatro amigas españolas se juntaron a finales de noviembre en Pamplona a tomar café después del trabajo. Una pidió un Bombón que es con leche, pero condensada; otra un Carajillo porque ¡Vaya! ¡Qué semanilla la que he tenido en el trabajo!; La tercera, que se cuida alguito desde que el corazón le dio un sustito, un descafeinado de sobre. Y usted, mi querido lector o lectora, se preguntará ¿Qué me importa el tipo de café que hayan tomado cuatro amigas reunidas?

  Es que la cuarta, la que tenía una cuñada venezolana, pidió un café con dolor.  

   
   Ella, Cristina, les comenzaba a contar justo antes de pedir la orden el drama familiar que vivían en casa por esos días. Su hermano Roberto estaba casado con una venezolana, y después de muchos papeleos lograron llevar hasta España a los suegros. Pero en Venezuela quedaban 3 hermanos de su cuñada, 3 cuñados de Roberto, todos pasando trabajo para sobrevivir. Uno de estos hermanos es hipertenso; de estos enfermos para los cuales no basta dejar de seguir las noticias o voltear a su alrededor - recomendación difícil de cumplir en la nación de Bolívar y de más de treinta millones de habitantes reclamando una vida digna – Él, por condición médica, debe tomar la pastillita prescrita por el médico para mantenerse con vida. ¡No Hay! La hija de un amigo del otro de los hermanos políticos de Roberto sufre de Epilepsia. Le fue diagnosticada a los 18 años de edad. Los anti-convulsionantes para ella representan lo mismo que un bombillo apropiado sobre una cama de operación en el quirófano. Ambos se encuentran ausentes en la Venezuela actual. Y Luis, el último de los hermanos, le llamó el otro día prepcupado. Su mejor amigo había quedado desempleado. Trabajaba en una empresa que decidió cerrar actividades ante la coyuntura económica y política. Terminó preso al ser catalogado como “Bachaquero”. ¡Sí! Para quien nos lee en el extranjero, novato(a) en el término, el “pana” trataba de mantener a la familia haciendo largas colas para conseguir productos a precio regulado, e irrisorio, en los mercados, y después venderlos con ganancia a buhoneros o particulares. Los servicios de inteligencia del estado le pusieron las grillas. Hay que ser bien bruto para no entender que es el sistema “revolucionario” el que establece y promueve estas nuevas “chambas” para poder cubrir los gastos del mes de una familia.

   Y nos viene a la mente una frase del médico español Santiago Ramón y Cajal:
“Solo la acción tenaz en pro de la verdad justifica el vivir y consuela del dolor y de la Injusticia”

   Para estas cuatro amigas la verdad era el sufrimiento de un pueblo y la ignorancia por parte de su Estado. Y en la acción encontraron la manera de consolar el dolor que causaba lo que oían. Dar a conocer la verdad. Vale la pena resaltar que, a excepción de Susana, ninguna de las otras tres amigas mantenía nexo directo con Venezuela, es decir, contigo quien me lee, o con cualquier ciudadano en Bolívar, Barquisimeto, Puerto Píritu, Caracas, Barinas. Son ciudadanas españolas queriendo ayudar a venezolanos; damas solidarias con un pueblo sufriendo una grave crisis, ajenas al discurso colonialista, por demás arcaico, que otros desean traer a colación en pleno siglo XXI.

   De allí surge entonces la iniciativa de conseguir ayuda para hermanos venezolanos comenzando de a poquito. Regando la voz entre conocidos recaudaron donativos y compraron uno que otro medicamento necesitado por algún venezolano.  


   La asociación donde trabaja Pilar les ofreció funcionar como sede de la recepción de los donativos. Como ya era el mes de Diciembre aprovecharon viajes de conocidos a países cercanos, latinoamericanos. Alguien en Perú recibía las medicinas, y de allí se iría en valija solidaria a quien la necesitaba en Venezuela. La respuesta fue impresionante. Tanto en donativos como en transporte. Los españoles, conmovidos ante los relatos de casos puntuales, abrieron su corazón. Los latinoamericanos, con venezolanos en tierra nueva y recién llegada, se motivaron y aportaron ideas para el transporte hasta Venezuela. Cualquier espacio se abría a la ayuda, a la esperanza de vida.

  Y día a día la iniciativa fue creciendo. Los donativos aumentando. La causa cobraba apoyo. Y las cuatro amigas transformaron el dolor de aquel café en una Fundación: Choca los 5 (Por Venezuela). Invitan a donar 5 euros para comprar medicinas para el pueblo de Bolívar. Hay quienes solo pueden donar dos euros y se les acepta con aplausos. Hay quienes donan justo los 5. Pero lo bonito es que la gran mayoría dona mucho... ¡Mucho más! Hoy han podido tejer redes de ayuda increíbles que abarcan toda España y otros rincones europeos. Con lo recaudado, y en una transparencia contable que transmiten a cada donante, han logrado hacer llegar medicamentos, leche en polvo y productos de higiene personal a cientos de venezolanos.

Ella es Vicky. Una venezolana que pasó por la asociación para recoger
envíos y llevarlos a los necesitados a su regreso.

   Cada recibimiento, una foto. Una alegría. Una celebración. Se logra acercar la ayuda con todo y las vicisitudes que enfrentan cada envío. Y siguen inventando, una rifa para impulsar la recaudación. Más personas uniéndose a la red de envíos. “Me llama la atención la solidaridad  y la generosidad del pueblo venezolano. Porque aunque nosotras hacemos los envíos a gente concreta, para que llegue más fácil, siempre se preocupan de hacerlo llegar al destinatario final. Por ejemplo, enviamos por paquetería un envío de medicinas a unas personas que conocíamos en Maracay, y esas personas después no descansaron hasta saber bien la dirección de las personas en Caracas a las que tenían que enviar parte de lo recibido” – Nos cuenta Doña Pilar, una de las integrantes de Choca los 5. “Una venezolana que reside en Caracas vino a visitar a su madre de 92 años y a su hermana que viven desde hace unos meses en Pamplona, y antes de regresar a Venezuela pasó por nuestra organización para recoger y llevar a Venezuela todo lo que pudiera en medicamentos, leche en polvo y productos de higiene personal para personas que ni conocía. También nos conmueve la solidaridad de los vecinos españoles aquí en Pamplona o en Navarra. Al enterarse de lo que hacemos pasan por la asociación con bolsas repletas de medicamentos para Venezuela, su gente”

Una madre venezolana posa mostrando
la leche en polvo recibida y enviada desde
España por un alma solidaria que se ofreció y
Chocó los 5.
   Los envíos en ocasiones van de escala en escala. Una colombiana que fue a Pamplona por trabajos académicos en la Universidad, regresó a su país de residencia, Argentina, con neceseres de productos higiénicos y medicinas. Allí lo tomó su hermana quien volaba a Colombia, donde vive, y desde Colombia lo hizo llegar al destinatario final en Venezuela. Pilar y sus amigas, y sus familias, y los que poco a poco se han enterado de la iniciativa, siguen con emoción el trayecto de los envíos, aplaudiendo cada escala lograda y festejando cuando finalmente, luego de ocho días,  la leche en polvo llega a los niños o cuando ese medicamento tan necesario llega a las manos del enfermo urgido. 

A estas mujeres españolas nuestro agradecimiento por tanta Bondad y Solidaridad depositada cada maleta transportando esperanza. A quienes de manera desinteresada y pro activa se ofrecen para acercar la ayuda hasta Venezuela,                                               ¡Gracias, mil gracias!

Cristina – Trabaja como secretaria en la Universidad. Su cuñada, también involucrada con el proyecto,  es la venezolana en Madrid.

Judith – Catalana en Pamplona. Ha trabajado en fundaciones ayudando a Etiopía por lo que su experiencia ha resultado vital para el proyecto. 

Patricia – Médico Salvadoreña en Pamplona. Sus conocimientos en materia de salud han ayudado mucho.

Sabrina – Enfermera en un hospital de Pamplona, la más joven del grupo, quien se incorporó recientemente al proyecto.

Pilar – Con quien conversamos para redactar la nota. Trabaja en la Fundación Baraibar. Su dulzura y generosidad puede palparse en cada nota de voz que nos enviaba.

A cada una que Dios les llene de bendiciones, abundancia y de mucha salud.

   Hay quienes acumulan millas de vuelo, pero estas mujeres españolas lo que hacen es sumar millas solidarias, vuelos de esperanza.

Su página en Facebook:

    En Maracay, ciudad del Estado Aragua en Venezuela, bordeada por un vertedero de basura y terrenos anegados por el Lago de Valencia, s...


    En Maracay, ciudad del Estado Aragua en Venezuela, bordeada por un vertedero de basura y terrenos anegados por el Lago de Valencia, se encuentra la escuela de educación primaria “Padre Juan José Zugarramundi”, de Fe y Alegría. Esa es la escuela a la que asisten los niños del sector El Viñedo, del Barrio San Vicente; una de tantas localidades venezolanas donde la falta de asfalto es lo menos significativo en un estado de alarmante abandono.  A pesar de los problemas de transporte público, la inseguridad, alumbrado. A pesar de la crisis económica y social que hoy golpea cada familia venezolana, mucho más los bolsillos de quienes residen en estas barriadas, las maestras, obreros y empleados del plantel reciben a diario a 350 niños que son llevados por sus padres, quienes depositan en el plantel las esperanzas de un mejor futuro para sus pequeños. Si bien hay 400 niños inscritos en el año escolar, hasta hace algunos meses asistían apenas 250 niños, asistencia que ha aumentado gracias a una iniciativa solidaria que ha permitido que corazones bondadosos, dentro y fuera del país, inviten a comer a esos pequeños durante la jornada escolar.

 
Jeanfreddy Gutiérrez Torres es periodista, y su amigo, Jesús Chuchín Loreto, un destacado deportista venezolano residenciado en los Estados Unidos. Se juntaron, reclutaron un empecinado y dinámico equipo, y comenzaron por un lado a recaudar fondos, por otro a diseñar toda una logística para acercar comida a quienes más lo necesitan. Comenzaron analizando el A Quién Ayudar, para lo cual - según palabras del propio Jeanfreddy - resultaron inspiradoras las recomendaciones escuchadas de la especialista en nutrición, Susana Raffalli, en una charla a la que asistieron. Llevar comida a la mesa, no repartida por las calles. Los niños son ese segmento de la población que más asistencia requiere. Fue así como decidieron que llevarían comida a niños, y en una escuela. Seleccionar la institución no fue difícil. Una amiga de Jeanfreddy trabaja comomaestra en Fe y Alegría, y ya le habría comentado el delicado estado de salud
que presentaban los niños debido a la malnutrición, y el ausentismo escolar que estaban evidenciando.
   Ahora necesitaban de un mensaje a compartir y un trabajo en las redes y entre sus conocidos para garantizar insumos, donativos, para lograr no solamente esa primera jornada que recién comenzaban a planificar sino muchas; ¡Ojalá y se pudiera todos los días! Y es cuando nace la frase y leitmotiv de la iniciativa: Invítalo a Comer. Porque quien nos lea, abrirá su corazón, y donará así sea un dólar a la iniciativa para invitar a comer a dos o tres pequeños. Luego de creado el “crowdfunding”, esperando esas primeras donaciones, definieron la logística. “Somos pocos, y todos trabajamos”, nos explica Jeanfreddy, “así que buscamos que las jornadas de ayuda no resultasen complicadas porque de lo contrario morirían al poco tiempo, por más deseos de ayudar que tengamos. Fue cuando decidimos comprar la comida, justo unos minutos antes de llevarla a la escuela, y comer con los niños”. Querían además que esa invitación a comer resultase una nueva experiencia. ¿Sabe quien nos lee que cuando les llevaron pizzas bien nutritivas a los muchachitos, muchos de ellos en jamás habían probado una? En diciembre pasado, a pesar del precio astronómico del pan de jamón, los niños de la escuela de San Vicente saborearon un buen trozo, con bollito y ensalada de gallina. Muchos de ellos comentaron que era la primera vez, en muchos meses, que tenían por delante un plato con varias “cosas sabrosas”. “El plato que me ponen en casa lleva o frijoles o arroz, pero nunca las dos cosas juntas” – señalaba Normita mientras le metía diente al bollito. 
   Es común que el deseo de ayudar se agrande más y más cuando escuchas, vives en carne propia estos relatos que hoy compartimos. Por eso, Jeanfreddy, su esposa Aruska, la suegra, Chuchín en el norte, la payasita Stephany, Diomar, Enrique, Luis, Rachellita y Alejandro buscaron estirar hasta más no poder esos fondos recaudados. Querían que los niños encontraran también algo que consintiera sus barriguitas en el desayuno. En la última jornada, la del 6 de febrero, pudieron llevar 7Kg de Lactovisoy.

 La directora, las maestras, el personal administrativo y los obreros, evidenciando el cambio en los niños al sentirse atendidos, se metieron de lleno en el equipo y cambiaron la desesperanza por la ilusión, por deseos de mejoras. Entre todos han reparado pupitres, acometidas eléctricas, la bomba de agua, y hasta reconstruyeron la biblioteca. Entonces surge otra invitación: ¡Invítalo a Jugar y Leer ! Nuevamente tuvo gran acogida y se recibieron donaciones espectaculares de libros de lectura, rompecabezas y juegos didácticos, tizas y colores. Biblioteca y Ludoteca tienen ahora en esta consentida escuelita de Fe y Alegría, para que los niños de preescolar y los de sexto grado ya saliendo a su bachillerato, tengan nuevas motivaciones, mientras los maestros cuentan con mejores herramientas para su docencia. 

    De la mano también de esta comunidad educativa ya comenzaron el programa del huerto escolar, invitando a los niños a sembrar. Que se enteren las casas aledañas, los vecinos, los padres, para que cada quien plante una matita, siembre una semilla, y así recortar en algo los gastos por la comida. Y para involucrar más a la comunidad, para que madres y padres, abuelitos, tíos, los hermanos mayores, sientan como suya también la escuela de sus niños; para lograr que la institución educativa se vuelva centro de esperanza, de empuje, de mejoras para todos, el próximo domingo, 11 de febrero, estos jóvenes voluntariosos y solidarios visitarán la comunidad con una docena de médicos especialistas para examinar a niños, abuelitos y adultos de la comunidad. La escuela pondrá instalaciones e Invítalo a comer los alimentos. Ya la comunidad está al tanto y los están esperando.
Una invitación sigue a la otra, y a la otra, y a la otra…. Y solo pueden ser posibles, y cada vez más frecuente, con la ayuda generosa de quienes nos leen dentro y fuera del país. Entre los planes, ya bastante adelantado, está el programa "Invítalo a pasear". Se trata de tours guiados para los alumnos de sexto grado; bonita despedida tras culminar su etapa de primaria, estímulo para que los más pequeños asistan, continúen su educación, se sigan formando. 

¿Quieres colaborar? 
Cuentan con una cuenta Paypal --> 
Paypal.me/invitaloacomer utilizando la siguiente cuenta jloreto99@hotmail.com
Un crowdfunding en Facebook --> 
Twitter: @jeanfreddy 

   Aunque reciben donaciones en bolívares, invitan a los posibles donantes a contactar con amigos y familiares fuera. Cada dólar lo convierten en tres almuerzos.
    La invitación está hecha. Ponte tu mejor “gala solidaria”. Haz de tu corazón una fiesta humanitaria y aporta lo que puedas. 
A ellos, a Jeanfreddy y todo su equipo, Mil Venezolanísimas Gracias desde Reto Solidaridad.
   
#InvitaloAComer #RetoSolidaridad #Venezuela








   Richard Herrick, de 23 años, fue el primer receptor de un trasplante de órgano humano, un riñón que le fue donado por su hermano gem...


   Richard Herrick, de 23 años, fue el primer receptor de un trasplante de órgano humano, un riñón que le fue donado por su hermano gemelo. Faltaba un día para la navidad de 1954. Herrick moría a consecuencia de una nefritis crónica y la operación le permitió ocho años más de vida y la oportunidad de enamorarse y casarse con Clare, la enfermera que le brindó cuidado durante la recuperación. Murió por un paro cardiaco.  

  Después de Richard, se han sentado en camas de operaciones alrededor del mundo  millones de personas, de todas las nacionalidades, pero igualados por la inmensa ilusión, la esperanza y deseos de vivir una segunda oportunidad. Saben que será complicado. A algunos no les inquieta solamente el  período de recuperación largo; causa pesar nunca poder agradecer a quien les regaló años de vida después de su vida.

  El camino de la Esperanza es largo. Son años, por lo general muchos años, de espera por el órgano. Se acercan a quienes ya recibieron uno y viven sanos gracias a él. Evidencian el cambio, la mejor calidad de vida. Eso los llena de fuerza, es oxígeno, es más esperanza.

  No hay enfermo más importante o valiente. Espíritu de lucha demuestran quienes padecen un cáncer, una dolencia cardiaca, aquellos con diabetes. Pero en el caso de los trasplantados, la vida comienza con una palabra mágica: Solidaridad de otra persona humana. ¡Qué triste que por falta de un tratamiento adecuado se acabe con el mayor gesto de desprendimiento solidario, y la esperanza de vida de un “recargado” ser humano!

   Por un artículo encontrado en el portal de Codevida sabemos de la dura realidad de Larry  Larrazábal. Él recibió una trasplante de riñón hace tres años, y tiene  más de ocho meses yendo a una tienda veterinaria para comprar la prednisona de uso veterinario, un fármaco recetado para evitar el rechazo del órgano. Ya comenzaron las puntadas cerca del riñón; ya las piernas se le hincharon.

   En Venezuela se registra desde hace unos años una cada vez más acentuada escasez de los inmunosupresores, con sus consecuencias sobre la sobrevida del injerto, la calidad de vida y la vida de las personas trasplantadas. Incluso el apropiado control de los pacientes en su evolución post trasplante se imposibilita ante el desabastecimiento de los reactivos para las pruebas de rigor. Cuando nos duele la cabeza y no tenemos a mano acetominofen, ibuprofeno, pues quizás alivie una compresa fría en la frente, darnos un baño, recostar la cabeza sobre la almohada. Pero el trasplante no acepta pañitos de agua caliente o fría. No perdona. Es un tic tac implacable que llena de angustia a enfermos y familiares cuando botan a la basura la última caja ya vacía del inmunosupresor que les garantiza vida y más vida. Hay quienes llevan meses sintiendo la angustia, y sintiendo las consecuencias de la falla en el tratamiento; se evidencia inexorablemente en su salud.

   La historia de Leticia no resulta menos triste, está cargada del mismo sentimiento de impotencia. Años lleva en lista de espera. Poco a poco ha ido subiendo peldaños en esa escalera hacia la vida. Hoy que ya está cerca para ser la próxima en recibir un trasplante de hígado, paralizan  la actividad del trasplante de órganos con donante fallecido, lo cual reduce la posibilidad de avanzar en la espera, y  para recibir el órgano de un donante vivo tendría que disponer del tratamiento inmunosupresor de inducción, indispensable al momento de realizar el trasplante. En Venezuela no se consigue.

  En Reto Solidaridad nos unimos en grito de Dolor y Angustia con organizaciones como la Organización Nacional de Trasplantes de Venezuela (ONTV), la Coalición de Organizaciones por el derecho a la salud y la Vida (CODEVIDA) y Amigos Trasplantados de Venezuela (ATV). Queremos brindar un espaldarazo emocional y comunicacional a todos los pacientes en espera de un trasplante y aquellos que luchan por mantenerlo.

   Urge un Canal Humanitario que permita la llegada al país de insumos y medicamentos, de repuestos para equipos médicos, reactivos para pruebas. Debe declararse un Plan de Emergencia Nacional al cual puedan unirse todos aquellos con conocimientos y recursos para aliviar la crisis; sin recelo, sin menoscabo por colores o simpatías, todos unidos por la vida.
Esta nota habla de nuestros amigos trasplantados. De Venezolanos en Lista de Esperanza por la vida. Pero cada línea recuerda al enfermo de Diabetes, a Esteban que padece SIDA, a Lutecia que lucha contra un cáncer de mama. De distintas clases sociales, todos venezolanos, todos queridos; todos deseos de volver a ser productivos para construir el país que queremos.

REDES SOCIALES
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CODEVIDA
@codevida  www.codevida.org
AMIGOS TRASPLANTADOS DE VENEZUELA 

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Leo tiene 25 años. Se está graduando como médico general en la Universidad de Los Andes. En un principio pensaba en ser Hematólogo tomando ...

Leo tiene 25 años. Se está graduando como médico general en la Universidad de Los Andes. En un principio pensaba en ser Hematólogo tomando en cuenta la enfermedad que padece desde niño. Hoy se encuentra enamorado del cerebro y sus misterios por lo que sueña con comenzar ya su Post Grado en Neurología. Leo es Hemofílico.

Cuando tenía apenas año y medio, según el relato de su madre, arrancó a caminar. Y como todo infante en sus inicios experimentó infinidad de caídas. En una de ellas cae de boca y se resiente una encía. El recién asomado dientecito estaba aún en su puesto pero la encía no paraba de sangrar, por más gasas con cierta presión que posaran sobre la encía. Deciden llevarlo al médico ante una debilidad alarmante por la pérdida de sangre (Anemia) y es cuando le diagnostican la enfermedad luego de múltiples exámenes. Leo habría nacido con una deficiencia de producción del Factor VIII, uno de tantos necesarios para la correcta coagulación de la sangre.

Si una persona produce solo el 1% o menos del factor afectado, se dice que tiene una hemofilia grave. Si produce entre el 2% y el 5%, se dice que tiene una hemofilia moderada y, si produce entre el 6% y el 50%, una hemofilia leve. La de Leo era una Hemofilia moderada.

Al recibir el diagnóstico sus padres se preocuparon. ¡Dios! Habría que meterlo en una burbuja para evitarle rasguños de rodilla, golpes... ¿Qué pasa si de pronto hay que operarlo de apendicitis? Si la sangre no coagula, todo lo anterior significa un riesgo. Pero el hombre de ciencias ha aportado a la humanidad sabiduría con paciencia. Cada minuto es un minuto de hallazgo y esperanza para infinidad de pacientes padeciendo cualquiera de un catálogo amplísimo de patologías. La Hemofilia, padecimiento poco común en la población, es 100% tratable con terapias sumamente efectivas que le garantizan al individuo una vida normal, le garantizan envejecer con calidad de vida. Y alegre, sin mayores restricciones, sin sentirse un fenómeno fue pasando Leo de la infancia a la adolescencia, y de allí a su etapa adulta. El Factor VIII es un medicamento de altísimo costo y como tal entra en el listado de medicamentos que el Estado procura proveer a la población que padece esta anomalía. Distinto resulta el costo cuando un ente gubernamental como el I.V.S.S. gestiona la compra de un gran número de dosis a diferencia de cuando es una persona, sus familiares, los que deban tramitarla.

A Leo le implantaron un “reservorio” o “puerto” en el pecho para administrarle, sin tantos pinchazos en las venas, el factor requerido. Durante su infancia recibió sin problema alguno el tratamiento. Ese que se adelanta al sangrado; es decir, la profilaxis. Pero a partir de 2015 comenzaron las fallas en disponibilidad del Factor (Son varios. En su caso específico el Factor VIII). En ocasiones debía viajar hasta Caracas porque a Mérida, donde vivía y estudiaba, no llegaba. Con el pasar de los años se volvió aún más crítica la situación. Ya ni en Caracas podía conseguir el tratamiento con la constancia requerida. Gracias a donaciones esporádicas se ha ido auto medicando a medias. Con el sueldo que recibe como médico recién graduado y en post grado si acaso logra alimentarse.

Los avances de la ciencia no le llegan, no le permiten vida normal, al menos tranquila. Trota con miedo a caer por un obstáculo en el camino, maneja su vehículo con pavor ante un posible accidente, ora por no tener que someterse a ninguna cirugía. Hoy en Venezuela quienes tienen esta condición enfrentan un problema serio, porque sin tratamiento cualquier ínfimo rasguño puede pasar a mayores. Leo retrocedió a la antigüedad en esa Historia de la Medicina que estudió. Lo colocaban de nuevo a épocas en que La Hemofilia era conocida como “La Enfermedad de la Realeza”. En aquel entonces porque la transmisión del gen se dió de un Reinado Europeo a otro. En la Venezuela actual. porque hay que contar con demasiado dinero para asegurarse el tratamiento.

El factor de coagulación (llamado factor) es una forma en polvo que se mezcla con agua para convertirlo en un líquido nuevamente antes de administrarlo. Algunos productos se obtienen del plasma de sangre humana donada. Otros, llamados factor de coagulación recombinante, son producidos con ingeniería genética en un laboratorio y no se utilizan proteínas de sangre humana evitando la transmisión de virus. De allí el alto costo.

22 decesos en Venezuela por esta causa, entre 2016 y lo que va de 2017.

Los Bancos de Sangre carecen de los insumos necesarios para efectuar las pruebas de coagulaciones. Para diagnosticar a tiempo a otros “Leo”.

La Asociación Venezolana para la Hemofilia (AVH), organización sin fines de lucro, sigue dando la batalla por estos enfermos, Leo, Marco, Rubén, Dinorah, por la vida de más de 4.500 enfermos, venezolanos, ante diversos entes públicos: El ministerio del Poder Popular para la Salud, El Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, El Ejecutivo.

Como venezolano, dentro o fuera del país, puedes siempre acercar ayuda mediante tu donativo monetario. Contacta a esta asociación para conocer además de qué forma puedes organizarte y diseñar un plan de ayuda: comunicacional, recolección de recursos, voluntariado.

http://www.avhemofilia.com/ @AVHemofilia

La Asociación Venezolana para la Hemofilia es una de las Organizaciones que hacen vida, batallan y trabajan por millones de enfermos a través de CODEVIDA (Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y la Vida)

http://www.codevida.org/ @Codevida

Como médico, Leo conoce a fondo su padecimiento. Vivió un pasado controlado, conoce el hoy, le teme al mañana. Sueña con terminar su post grado y aportar, a la Venezuela que ama, su práctica médica como Neurocirujano. Leo le pide al gobierno meterle cerebro a la problemática de salud y abrir de una buena vez un Canal Humanitario. Leo nos pide a todos, venezolanos dentro y fuera del país, sensibilizarnos con esta y otras enfermedades con tratamientos de Alto Costo. Esperanza de vida inalcanzable hoy por todos ellos, pero Esperanza posible con la ayuda de todos.

#Solidaridad #CanalHumanitario #Esperanza #Vida

Cada día se hace más cierta esa frase que hoy tanto escuchamos o expresamos: “No se han ido muchos venezolanos; Venezuela se ha extendido ...

Cada día se hace más cierta esa frase que hoy tanto escuchamos o expresamos: “No se han ido muchos venezolanos; Venezuela se ha extendido y multiplicado por todo el mundo”

En esta ocasión decidimos viajar, gracias al whatsapp nosotros y por medio de esta nota ustedes, hasta tierras catalanas. Quisimos conversar con Gerali Rodriguez. Una venezolana que, en medio del clima de protestas que se viven por estos días en aquellas latitudes, se tomó el tiempo para contarnos de una bella alianza solidaria que permite acercar ayuda de venezolanos a venezolanos: #TeApoyoVenezuela y Asociación LEAN

Durante los meses en los cuales las ciudades, avenidas y calles de Venezuela se colmaron de protesta ciudadana por el retorno a nuestro país de la Democracia, esos meses duros y tristes, muy tristes que se llevaron con ellos cientos de vida, en Barcelona se activó la delegación en esta localidad de la organización Sin Mordaza. Ella,Gerali, es voluntaria organizadora. Es parte de esa masa de compatriotas que han denunciado las graves faltas a los derechos humanos en las cuales ha incurrido el Gobierno Venezolano. ¡Sí! El mismo gobierno que hoy critica el exceso policial allá, de donde nos llega esta historia.

Y de unas mesas de trabajo que realizaron con venezolanos para captar ideas y organizarse de manera más eficiente; concebir actividades para recolectar y enviar ayuda humanitaria a nuestro país, Manuel, un criollo de corazón grandote, sugirió la confección de una pulsera con el lema #TeApoyoVenezuela que podría comercializase y el producto de su venta invertirse en ayuda al país. Y de sugerirlo pasó a la acción: Él mismo hizo la primera donación para la confección de las doscientas pulseras del arranque. Que combinación tan acertada: manos que ayudan irían adornadas con nuestro tricolor y unas sentidas palabras de apoyo. Qué bonita manera de llevar, con orgullo y solidaridad, a Venezuela.

Metiéndose ya en el tema de las finanzas, ubicando esa la ayuda más necesaria, dieron con la Asociación LEAN. Se trata de un grupo de venezolanas y venezolanos diseminados por el mundo y muy bien articulados, que cuenta con un voluntariado que crece cada día, y una logística que les ha permitido una eficiente y constante actividad Solidaria con Venezuela y su gente, sus hermanos. De este contacto se evidencia la necesidad de contar con recursos para poder cancelar los costos de envío de los insumos y medicamentos que LEAN, la asociación, recolectaba gracias a infinidad de actividades e iniciativas que llevan adelante.

¡Listo! Hallada la fórmula. Por cada pulsera vendida ingresan 3€ a la organización Te Apoyo Venezuela. 2€ se destinan a LEAN para el pago de envíos, y con apenas 1€ garantizan la reposición de la pulsera para la venta, los costos del envío de los pedidos (que les llegan de todas partes del mundo) y hasta el pago por el hosting de su página web. A eso llamamos excelencia en Gerencia Solidaria. ¡Bravo!


Ya pasan de miles las pulseras vendidas, y el producto de esta venta ha servido para enviar 333 kilos de ayuda a Venezuela a través de LEAN. En Barcelona recibieron el apoyo de emprendedores venezolanos metidos en el negocio de los fogones. Son muchos ya los restaurantes que muestran y ofrecen las pulseras a la venta a sus comensales. Desde muchas partes del mundo, Italia, Viena, Francia y el resto de España, les han llegado pedidos que se cancelan mediante una sencilla transferencia bancaria; envían luego el soporte del pago por el correo electrónico teapoyovenezuelabcn@gmail.com y, acto seguido reciben rápida respuesta que podría sonar así (por aquellos de que los acentos se pegan): “En seguida te enviamos las pulseras ¿Vale?. Y no olvidéis tomaos una foto con la pulsera en mano y subirla con el hashtag #TeApoyoVenezuela a las redes”.

Si ya tienen o no acento español es lo de menos. El corazón venezolano no se cambia, no se borra, no se olvida. Al contrario, sigue doliendo la patria y por ella siguen activados todos quienes conforman una generosa y solidaria diáspora evidenciada en estas dos iniciativas, enlazadas, que hoy te presentamos.

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